La capacidad de pensar es un don maravilloso dado por Dios, es la muestra de que hemos sido creados a imagen de Él.
Por medio de los pensamientos tomamos conciencia de lo que nos rodea, allí guardamos nuestros recuerdos y forjamos nuestras percepciones de la realidad, nuestras ideas, nuestras creencias. Incluso podemos ir más lejos de la realidad en nuestros pensamientos y concebir lo que no es, pero pudiera haber sido, o lo que tendría que haber sido, pero no es.
Es importante mencionarte esto porque en nuestro interior siempre estamos pensando o hablando con nosotros mismos, tenemos un discurso constante sin darnos cuenta. Yo también he fantaseado en mi mente con el futuro o cuando me he enojado he pensado cómo pude haberle respondido al otro o cuando estoy haciendo mercado voy pensando si debo o no llevar esto o aquello.
Pero no siempre mis pensamientos son puros, agradables y honestos. También me he encontrado pecando en mi mente, pero al mismo tiempo, cuando miro hacia atrás, he visto cómo Dios ha ido renovando mi interior. La vida cristiana no es una carrera de velocidad; es un maratón, y por eso Jesús dice: “El que persevere hasta el fin, ése será salvo” (Mateo 24:13), si pudiera traducir las palabras de Jesús, sin el ánimo de cambiar el significado de sus palabras, sería: “Sigue adelante” y a eso te anima hoy.
Dios ha hecho una promesa: todo aquel que cree en Cristo no perecerá, sino que tiene vida eterna (Juan 3:16). Nosotros hemos sido reconciliados con Dios únicamente por la fe en Jesús, porque la realidad es que nuestra vida no es un reflejo de lo que Dios nos llama a ser, nuestro pensamiento no son un reflejo de lo que Dios nos llama a pensar, por esto toda la humanidad necesita un salvador.
La realidad es que Jesús fue, es y será el único que ha cumplido todo lo que la escritura exige de nosotros. Es por esto que Jesús se llama así mismo el camino, la verdad y la vida. Él es el único que puede decirte: “Los que confían en mi jamás serán defraudados”, “Los que confían en mí estarán seguros hoy y para siempre”.
¿Por qué crees que decirte esto es importante cuando tienes pensamientos que ofenden a Dios? La respuesta es que aquellos a quienes Dios ha llamado justos ha sido por la vida perfecta y la muerte de Jesús, no por las obras que nosotros hagamos, esto incluye nuestros pensamientos. Es un acto de Dios, porque sucedió una vez y para siempre, Jesús murió una sola vez y es suficiente.
Así que si Dios me ha declaro justo debo confiar en la obra de Jesús y en el resultado de esta obra. Gracias a esta declaración de Dios, ahora el cristiano está siendo renovado y transformado en su interior por la obra del Espíritu. Por supuesto, queremos preguntar: «¿Cuál es el secreto para resistir y renovar mi interior?»
Filipenses 2:12-13 nos da luz frente a esta pregunta:
“Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no solo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, 13 pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.”
Lo que quiere decir Pablo aquí es que la salvación ya es nuestra y ahora Dios nos llama a vivir para su honra, es decir a vivir una vida de obediencia a Su palabra. En este punto podemos pensar que como creyente verdadero le he fallado muchas veces a Dios ¿Por qué?
- Como cristianos tenemos conciencia de pecado. El Espíritu de Dios nos confronta cuando cometemos pecado.
- Aunque cada cristiano ha sido liberado de la esclavitud del pecado, gracias a Jesús, no somos inmediatamente perfectos. Mientras estemos aquí en la tierra, estaremos en un proceso gradual de perfección, esta es la obra de Dios continúa en y a través de un ser humano. Esta batalla contra el pecado tendrá sus contratiempos y decepciones, por eso es un maratón, porque somos llamados a perseverar y a luchar con la plena confianza de que Cristo ya ha ganado sobre mi pecado.
Otra buena noticia es que Dios no es como nosotros, muchas veces empezamos una tarea y no la terminamos; Filipenses 1:6 dice: “El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.” Todo lo que Dios emprende lo culmina con éxito. Algunas personas tienen grandes intenciones, mucha buena voluntad y buenos planes, pero consiguen muy poco. Sin embargo, aquí Pablo dice: «Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer». Eso significa que todos Sus propósitos se acaban cumpliendo y eso continúa hasta que somos glorificados en el cielo.
No confundas esto como lo hicieron los oponentes de Pablo, quienes pensaban que al Dios habernos perdonado nuestros pecados pasados, presentes y futuros; y nos ha asegurado en Cristo, tenemos la libertad de hacer lo que nos plazca o exponernos a contextos donde fácilmente cultivemos pensamientos o acciones que atentan contra Dios. Al contrario, nuestra fe no permanece sola, sino que da fruto, no podemos decir que creemos en Cristo o confiamos en Él y que esto no se haga evidente en lo que pensamos, decimos y hacemos. Nuestras buenas obras demuestran que nuestra fe es genuina pero nunca sirven como base para ser aceptados por Dios.
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